Uno de los aspectos que caracterizó a los países europeos en su objetivo de mejorar la calidad de sus productos y su inserción en los mercados internacionales, radicó en el hecho de impulsar las denominaciones de origen. Y los resultados fueron más que positivos, a punto tal que defienden las denominaciones a rajatabla y hasta proponen sanciones como sucede con el vino para aquellos países que las utilicen en forma indebida.
El de los vinos es un caso emblemático: la champaña es un vino espumante proveniente de una zona específica de Francia. Lo mismo sucede con el chablís (que en realidad se elabora con variedad chardonnay), el borgoña (un tinto), el jerez (de una zona del mismo nombre en España) o el chianti italiano.
La fama de esas zonas llegó a tal nivel que, para enfrentar esa situación, Estados Unidos y los países del Nuevo Mundo vitivinícola debieron impulsar los varietales para competir en los mercados.
Las denominaciones de origen también alcanzan a otros productos. Es el caso de los quesos (los más conocidos son el roquefort francés y el manchego español) y hasta en los jamones.
En la Argentina se aplicó el concepto de denominación de origen para los vinos (hay varias zonas comprendidas en ese concepto), en los limones de Tucumán y hubo un proyecto años atrás en favor de la papa de Tupungato, que por ser de mayor calidad que la de Balcarce, solía ser mezclada con la bonaerense por algunos puesteros del Mercado Central de Buenos Aires para obtener un mayor valor de venta.
Una situación similar se plantea ahora con el aceite de oliva y, en ese sentido, días pasados fue aprobado un proyecto en la Legislatura provincial otorgándole Denominación de Origen Mendoza al aceite de oliva virgen extra.
Sucede que por cuestiones climáticas (una gran amplitud térmica entre el día y la noche) y por sus características químicas, organolépticas y sensoriales, el aceite de oliva mendocino es superior en calidad al del resto de las provincias argentinas, alcanzando niveles internacionales.
No es un dato menor y a modo de ejemplo debe señalarse que España otorga una certificación especial (a través de especialistas) al aceite de oliva de exportación y realiza un seguimiento satelital de los barcos que lo transportan a través del océano, a los efectos de evitar adulteraciones.
Sucede que el aceite de oliva va ganando cada vez mayores mercados a nivel mundial y en el caso de Mendoza, de los 7 millones de dólares exportados en 2004 llegó a los 22 millones de la moneda estadounidense en 2005, aunque luego se produjo una leve disminución en 2006. De todos modos, los industriales esperan un crecimiento de 20%, tanto en las exportaciones como en el consumo interno en el año en curso.
Nuestra provincia ocupó durante muchos años el primer lugar en la cantidad de hectáreas implantadas con olivares, llegando a poseer en 1990 29.600 hectáreas de olivos, lo que constituía 70% del total nacional.
Sin embargo, las desgravaciones impositivas generaron un vuelco total en la situación, y en la actualidad es Catamarca la que mayor cantidad de hectáreas tiene implantadas (33 mil), le siguen La Rioja y San Juan con 25 mil y en cuarto lugar se ubica nuestra provincia con 18 mil hectáreas.
De todas maneras y, como lo hemos señalado en un párrafo anterior, la mayor calidad del aceite de oliva mendocino provoca un equilibrio en divisas frente a las hectáreas implantadas.
Por ese motivo, cobra mayor importancia el proyecto aprobado por la Legislatura de otorgar una Denominación de Origen Mendoza al aceite de oliva de calidad.
Porque otorga un nuevo valor al prestigio ya alcanzado con los vinos, porque se defiende la calidad y genuinidad de un producto que por condiciones naturales es superior al producido en el resto del país, porque significa una nueva fuente de ingreso de divisas a la Provincia y porque el valor agregado que se le puede sumar significará, en los hechos, mayores fuentes de trabajo. |