Un proyecto del departamento de Biología Molecular y Bioquímica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Málaga realiza desde hace un año la caracterización de las variedades de olivos a través de la extracción de ácido desoxirribonucleico (ADN).
La idea inicial surgió del profesor de Bioquímica y Biología Molecular Francisco Cánovas Ramos, en un momento en el que la Unión Europea estaba normalizando las producciones de aceite de oliva, lo que denota su "utilidad y oportunismo", según explica Gonzalo Claros, que dirige unas investigaciones "pioneras en España".
Claros señala que una ventaja de la caracterización varietal es que la denominación de origen del aceite esté reforzada con una certificación genética de los tipos de cultivos que proporcionan el producto oleícola, o la posibilidad de solicitar denominaciones a partir de la tipología de la especie.
La Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía subvenciona esta investigación científica, que hasta ahora ha analizado los olivares de la provincia de Málaga, con una dotación de 2,5 millones de pesetas, aunque podría ampliarse a toda la comunidad si llega la financiación necesaria.
Sin embargo, Claros vaticina que esta prospección del resto de la comunidad se realizará y "quién sabe si de toda España o Europa", siempre que las condiciones económicas sean halagüeñas.
El objetivo científico, explica Gonzalo Claros, es instituir metodologías para la extracción de ADN de los tejidos del olivo, fase ya superada, y establecer 65 marcadores genéticos de cada especie que sirvan para identificar cada tipología con total exactitud y facilidad, que es el próximo paso de la investigación.
El fin de estos marcadores es que cualquier agricultor, mediante un ensayo sencillo en laboratorios poco dotados y con muy poca instrumentalización, pueda tener un control fiable de las variedades que cultiva.
Este seguimiento redundaría en un mejor producto, ya que se podrían detectar las unidades de menor calidad que a veces los viveros "camuflan" al vender grandes cantidades de olivos a los agricultores, apunta el investigador.
Otro objetivo es el rendimiento económico que supondría patentar la técnica de análisis varietal, con lo que todo aquel que quisiera caracterizar sus poblaciones olivareras tendría que pagar por usar las técnicas.
En lo referente al trabajo de campo, el equipo de investigación ha recorrido 3.500 kilómetros y visitado 88 zonas de la provincia malagueña, de cuyos cultivos se han recogido diez muestras, cinco o seis plantas de cada tipo de olivo, esfuerzo humano que ha costado cuatro meses.
Terminado el análisis de las muestras, han sido caracterizadas veintidós variedades de olivo en Málaga, entre los que se dividen tres grandes grupos.
El primero recoge al acebuche, olivo silvestre, la arbequina, oriunda de Cataluña y de la que los agricultores dicen que da mejor producto que en su lugar de origen, y la blanqueta, que procede de Alicante.
Otro conjunto engloba a las especies típicamente malagueñas y que no proliferan fuera de la provincia, como son el verdial de Vélez, el aloreño o uno de los múltiples tipos de picudos.
Al tercer grupo pertenecen, entre otros, el hojiblanca, el lechín de Écija, el zorzaleño, el verdial y el picudo, ambos de Ronda, y el picual, todos ellos sin una dependencia geográfica marcada. La caracterización varietal tiene además un trasfondo rejuvenecedor, ya que el último censo del olivo se hizo en 1977, tanto en lo que se refiere a las tipologías como a las nomenclaturas.