Se ha comprobado que las aceitunas de la parte alta y exterior de la copa tienen más aceite y son más gruesas. De las diferentes ramas que constituyen el árbol, las de más intensa vegetación son las que están mejor iluminadas, es decir, las más centradas y verticales; las ramas bajas y horizontales tienen menor luz pero su fructicación es abundante.
Sin embargo se agotan antes. Y por último, las ramas interiores casi carentes de luz, producen menos frutos y su frondosidad es menos vigorosa.
Se ha comprobado (según autores como Ortega Nieto) que las aceitunas de la parte alta y exterior de copa tenían más aceite y eran más gruesas; las de la parte media y exterior tenían una riqueza media grasa y su peso era intermedio; mientras que las de la parte interior de la copa del olivo, peor iluminadas, tenían menos rendimiento graso y eran más pequeñas.
Este hecho demostrado se ha ignorado en muchos sistemas de poda, conduciendo a formas en sombrilla donde la función de las guías no existe, dando lugar a ramas casi horizontales con las maderas expuestas al sol, y que producen constantemente chupones para sombrearse, y en las que los crecimientos vegetativos son escasos (Miguel Pastor y José Humanes).
Esta situación de copa del olivo ha sido descrita por agrónomos italianos como acefalia , y es muy frecuente ver en algunas zonas de España e Italia este hecho abusivo, que lleva a la desvitalización y declive del olivo.
Estas consideraciones permiten contemplar el olivo como una asociación de ramas, ramos y brotes, en gran parte independientes, que realizan misiones y funciones diferentes dentro de la propia estructura del árbol, pero contribuyen o colaboran a la unidad armónica del olivo, no pudiéndose favorecer una u otra clase de ramas sin romper ese equilibrio que, en definitiva, es el que da permanencia y garantía, tanto al árbol en sí como a su rendimiento.