La pasada campaña de comercialización del aceite de oliva no puede calificarse como tranquila. Por esta época todos los medios de comunicación se hacían eco del incremento de precios de este producto tan representativo de nuestro país. De hecho España es el primer productor mundial.
Esta subida se debió a un aumento de los precios en origen de casi el 70% respecto al año anterior, que no tenía justificación en una producción que, aunque finalmente más baja que en años anteriores (825.000 Tm.), sumada a los excedentes (1.200.000 Tm. en total) era suficiente para cubrir las necesidades del mercado.
Ya en noviembre de 2005, viendo las previsiones de cosecha que se manejaban, la industria solicitó que se adoptaran medidas excepcionales previstas por la normativa comunitaria. La aprobación de contingentes extraordinarios de importación hubiera podido corregir la situación, garantizando el abastecimiento de aceite de oliva en el mercado europeo y amortiguando esta subida de los precios.
Gracias al esfuerzo que realizaron los industriales recortando sus márgenes no toda esta subida se vio repercutida en el precio final del producto. Es importante señalar que del precio que paga el consumidor por una botella de aceite de oliva, más del 85% corresponde al precio pagado por el aceite al olivarero. El 15% restante se reparte entre gastos de envasado (procesos internos, etiqueta, botella, tapón, embalaje, etc.), gastos de distribución y el posible margen.
Sin embargo los efectos sobre el consumo fueron los previsibles: las ventas dentro de nuestro país cayeron más del 20% y nuestras exportaciones en un 17%, con los consiguientes problemas de pérdida de cuota de mercados y la dificultad para recuperarla. Esto tiene especial gravedad para las ventas en el exterior. Todo el esfuerzo de años promocionando la indudable calidad de nuestros aceites de oliva y creando imagen de marca puede perderse ante unos precios elevados del producto que hagan al consumidor dirigirse a la competencia.
Esperemos que todos hayamos tomado nota de lo sucedido y que hayamos extraído conclusiones que nos lleven a no repetir los mismos errores. Los mercados exigen una estabilidad que ayude a fidelizar al consumidor, ofreciéndole un producto de calidad sin que los precios varíen de forma drástica de un año a otro.
En ello debemos trabajar todos para desarrollar mecanismos y estructuras que nos ayuden a comercializar nuestros aceites de oliva. Quizás se pudiese empezar por intentar alcanzar un consenso en las previsiones de cosecha de una campaña a otra, ya que son las que determinan los precios en origen.
La cosecha de este año, algo más de 1.100.0000 Tm., según la Agencia para el Aceite de Oliva, significativamente superior a la de la pasada campaña, no hace esperar que se produzcan los mismos problemas, pero aun así, una gestión limitada de las medidas de apertura del mercado europeo puede ser un buen ejercicio para el futuro.
Si logramos esta estabilidad todos obtendremos los beneficios de un mercado que funcione sin grandes fluctuaciones, el consumidor el primero.
Por: Pedro Rubio Presidente de ANIERAC