Las correcciones físicas del terreno deben hacerse antes de realizar la plantación y deben afectar a toda la finca si el suelo lo permite. Los objetivos básicos son facilitar el drenaje de las aguas que excedan de la capacidad de almacenamiento del suelo y eliminar los obstáculos físicos que no faciliten el crecimiento de las raíces de los olivos.
Los suelos profundos y de textura uniforme no necesitan laboreo profundo, a menos que esten compactados por la labor anterior. Estos suelos se denominan de textura franca. En otros tipos de suelo es conveniente hacer un laboreo profundo, ya se mediante subsolado o desfonde.
Citando "El cultivo del olivo", en el subsolado es conveniente mejorar el drenaje del terreno y para romper obstáculos físicos al desarrollo de la raíz, como podrían ser horizontes petrocálcicos someros de poco espesor. La profundidad se estima, aproximadamente, de 70 centímetros. No es aconsejable en suelos arcillosos con estructura prismática sin elementos gruesos donde no queda huella del subsolado al año posterior de haberlo hecho.
Si la orografia del terreno lo permite, es aconsejable hacer el subsolado en toda su extensión. La época apropiada es a finales del verano.
Un factor importante en el desfonde es utilizar una labor de vertedera profunda y es apropiado para terrenos estratificados. Se puede dar cuando no hay obstáculos físicos que lo impidan y cuando el suelo es lo suficientemente profundo para invertir los horizontes del suelo y uniformizar su perfil.
El mejor momento para realizar el desfonde es el verano, se favorece asi la meteorización de las capas profundas traídas a la superficie.
Después del laboreo profundo, varios pases de grada cruzados dejan la tierra fina y en condiciones de realizar un marqueo. Unas alineaciones bien hechas facilitan las operaciones futuras de mecanización del olivar. Cuando el terreno se encharca y produce nivelaciones de agua no deseadas es necesario diseñar y realizar una red de drenaje en los sitios adecuados.