Malos augurios para el futuro del precio del aceite de oliva. La Comisión de Agricultura de la Unión Europea no da crédito al desarrollo de la actual campaña de comercialización del zumo (del 1 de octubre del pasado año hasta el 1 de noviembre de 2006). Tomás García Azcárate, jefe de la Unidad de Aceite de Oliva y Hortalizas de la UE, la define como «sorpresiva». Europa no entiende cómo se va a terminar una campaña en la que apenas se han alcanzado las 800.000 toneladas de aceite en todo el país (260.000 en Jaén) con cerca de 200.000 toneladas de enlace, teniendo en cuenta, además, que el anterior periodo productivo también fue deficitario.
La Comisión explica la situación por una tendencia excesiva a la retención de aceite de oliva en las almazaras y agentes intermediarios. No critica la especulación, que considera como legítima, sino la «falta de visión de futuro» del mercado. Azcárate asegura que son sólo «algunos irresponsables» los causantes de que, cuando queda apenas un mes y medio para que termine la campaña de comercialización, casi el 40% del aceite producido este año (según los últimos datos de la Agencia del Aceite de Oliva) no se haya vendido y de que los precios continúen bajando. Es más, asegura que actitudes como esta podrían ser la causa de que en los próximos años, cuando aumente la producción, los precios alcancen los porcentajes de descenso mayores de la historia.
Para el jefe de la Unidad de Aceite de Oliva, el problema es que no se ha contemplado el mercado del aceite de oliva a largo plazo y que se ha optado por el «pan para hoy y hambre para mañana». Recuerda así la negativa del sector productor y de algunas organizaciones agrarias a aceptar un contingente de aceite de terceros países para equilibrar unos precios que llegaron a superar los cuatro euros por litro en las almazaras en enero y febrero.
No entiende por qué habiendo alcanzado esos niveles el aceite sigue en los depósitos, mientras que ahora el precio no llega a los tres euros por litro. Culpa a estos «irresponsables» de impedir una regulación del precio para asegurar la venta que es, según él, lo que pretendía un contingente que no hubiera superado las 30.000 toneladas. «A veces hay que dar un aviso para que los agricultores vendan y lo importante no es que se traiga algún aceite de fuera, sino que el precio se regule», apunta.
Ahora que el precio está bajo, explica, Bruselas no está dispuesta a intervenir para ayudar al agricultor. Ni tampoco lo hará dentro de unos años, cuando, según indica, puede que caiga aún más. Bruselas vaticina que, en menos de un lustro, va a aumentar considerablemente la producción media española, actualmente de 1,4 millones de toneladas. A no ser que una meteorología adversa lo impida, habrá más zumo, ya que, pese al cambio en las ayudas, los agricultores siguen plantando nuevos campos de olivar. Será entonces cuando el aceite corra el riesgo de devaluarse y los oleicultores se vean obligados a venderlo a bajo coste. «La miopía de algunos le va a costar mucho al sector y, entre ellos, a los más débiles como es el olivar de baja producción», apunta.
A pesar de sus afirmaciones, Azcárate, que asegura que el cultivo de olivar va a seguir siendo rentable en los próximos años, aboga porque la comercialización se regule por la oferta y la demanda. Eso sí, con intervenciones puntuales de Europa como el contingente que se rechazó este año. «El papel de la Administración no es decirle a los agricultores y cooperativistas qué precio tienen que poner al aceite. Debe equilibrar grandes desequilibrios, pero no intervenir en todo», aclara.