A principios de la década de 1990 Argentina contaba con 17.800 has de olivares de variedades de mesa. La zona más importante de producción era Mendoza, con unas 7.500 has de olivares para mesa, que representaban más del 60% del total nacional y correspondían a la variedad Arauco, denominada regionalmente “Criolla”. Las otras regiones productoras eran La Rioja (2900 has), Córdoba y San Juan.
La variedad más plantada era Arauco, en sus 2 ecotipos: cuyano (de carozo curvo y gran adherencia a la pulpa) y riojano (con carozo más recto y mayor priscocidad). En importancia le seguían Manzanilla, Empeltre y Changlot Real.
A mediados de los ‘90, la sucesión de sequías en la cuenca del Mediterráneo produjo el aumento internacional de los precios de los aceites, lo que motivó la plantación de olivares destinados a elaborar aceitunas. Esto se vio favorecido por la implementación de la ley 22.021, de diferimientos impositivos. Hacia fines de la década se censaron emprendimientos olivícolas con compromisos asumidos para plantar más de 70.000 has, de las cuales el 40% correspondían a variedades de mesa.
A fines del año 2000, Argentina contaba con 13.300 has de olivares modernos plantados con variedades de mesa, y a finales del 2003 la cifra superaba las 22.000 has. Estas nuevas plantaciones incorporaron la más avanzada tecnología disponible a nivel internacional, especialmente en equipos de riego y fertirriego.
Cuentan prácticamente en su totalidad con cuadros de plantación monovarietales de 330 plantas/ha.
Uno de los rasgos distintivos de las nuevas plantaciones es que pertenecen mayoritariamente a la variedad Manzanilla en sus distintos tipos (de Sevilla, Chica, Reina, Aloreña y Gigante), que representa más del 70% del total plantado de las variedades de mesa. En ellas, la variedad Arauco carece de relevancia. Otra característica de esta nueva olivicultura, es que la zona de producción se alejó de los centros tradicionales. Así surgieron importantes núcleos de oferta de materias primas en los valles La Rioja Capital, Chilecito, Valle Central de Catamarca y Gran San Juan.
En un futuro próximo, se espera un cambio en el mix de la oferta de materias primas: en la medida que las plantaciones entren en régimen productivo, la oferta de aceituna Manzanilla superará a la de Arauco, y esto hará que los industriales tengan que adecuar sus técnicas de elaboración. El procesamiento de aceituna Manzanilla es más delicado que el de Arauco debido a que la fina piel de esta aceituna es más sensible al manipuleo y a la exposición a álcalis.
En la medida que el mercado mundial demanda aceitunas negras y de tamaños grandes, también es factible que algunas variedades aceiteras como Frantoio, Picual, Changlot Real, Nevadillo, Farga y Biancolilla se destinen a la elaboración para mesa. Cabe destacar que Argentina viene marcando verdaderos récords mundiales en la producción de aceitunas por hectárea, llegando en algunos casos a valores que superan los 30.000 Kg/ha de aceituna Manzanilla.